3 Saldarriaga Roa, Alberto, “Arquitectura en un país en crisis”, Magazín Dominical, N.º 339, El Espectador, Bogotá, 22 de octubre de 1989, p. 4.
4 En 1975 se habían trasladado al Banco Central Hipotecario las funciones de Fondo Financiero de Desarrollo Urbano, que hasta ese mismo año eran tarea del Banco de la República.
5 Viviescas, Fernando, Urbanización y ciudad en Colombia (una cultura por construir en Colombia), Foro Nacional por Colombia, Bogotá, 1989, p. 22.
6 Ley 388 de 1997, disponible en: https://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=339#0 [consultada el 10 de marzo de 2010].
7 La cultura ciudadana se entiende en el plan de desarrollo “Formar ciudad” como “el conjunto de costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos”.
8 Para esto, Mockus planteaba acciones como modificar ciertos comportamientos individuales y colectivos mediante la autorregulación, construir colectivamente una imagen de ciudad que generara identidad y pertenencia, impulsar la cultura como otra forma identitaria y propiciar la participación comunitaria y la regulación de la administración por parte de la ciudadanía.
9 Si bien fue elegido para el periodo 1995-1998, Mockus no terminó su periodo y fue reemplazado en el cargo por Paul Bromberg, también profesor de la Universidad Nacional.
10 Viviescas, Fernando, “La planeación urbana y el Estado: Entre la connivencia y la complicidad. Bogotá entre el siglo xx y el xxi: La orgía del caudillismo ilustrado”, en: Brand, Peter C. (ed. y comp.), Trayectorias urbanas en la modernización del Estado en Colombia, TM Editores, Universidad Nacional - sede Medellín, Medellín, 2001, p. 319.
El sueño de la ciudad global en Colombia: ¿de la utopía a la e-topía?
Fuera del marco de violencia, crisis, caos e inequidad urbana en la Colombia de los años ochenta, el mundo era escenario de procesos económicos, tecnológicos, sociales y espaciales que determinaron profundas transformaciones en el último cuarto del siglo xx. El surgimiento y la consolidación de la doctrina del neoliberalismo o la libre competencia dentro del capitalismo, la introducción del computador personal y el establecimiento de la World Wide Web o superautopista de la información en internet, fueron piezas angulares en la conformación del contexto de los años noventa. La interrelación entre economía de mercado, informática y mass media define, teniendo como fondo la tecnociencia, la llamada globalización o, para otros, la tercera mundialización.
Se habla entonces de una globalización económica y una mundialización política y cultural caracterizadas, entre otros aspectos, por el flujo de capitales y de información a escala mundial, donde la economía está definida por la imposición del sector financiero sobre la industria y la organización de la actividad económica está espacialmente dispersa pero a la vez globalmente integrada. En las relaciones sociales hay predominio de la virtualidad, la vivencia instantánea o en tiempo real y el consumo como valor máximo. En la cultura predomina lo light y lo popular, una supuesta homogeneidad, el vaciamiento de contenidos, el hedonismo y la vacuidad. Por su parte, lo estético es controlado por valores que perdieron el referente clásico y moderno debido a la búsqueda de otras estéticas expandidas que se corresponden con esta otra realidad del mundo contemporáneo.
Sobre las fronteras nacionales y las naciones surge la idea de la ciudad global1 —ciudad conectada con los flujos mundializados—: Tokio, Londres y Nueva York son los paradigmas, ciudades a partir de las cuales se da el nuevo ordenamiento económico mundial, con la concentración de instituciones financieras y la oferta de servicios avanzados para la producción como reemplazo de la industria, con lo que se produce su desligamiento de los entornos territoriales inmediatos a cambio de establecer una relación trasnacional. Se irradian desde allí nuevas pautas de consumo y estilos de vida para los diferentes sectores sociales, de altos o bajos estratos. Este cambio dado en los noventa implica la transformación de la arquitectura urbana con las altas, suntuosas y tecnologizadas edificaciones, y la renovación urbana de antiguos y decaídos sectores —residenciales o industriales—,2 para atender la demanda de servicios cualificados para los grupos sociales enriquecidos por el mercado global: lofts, restaurantes con gastronomía sofisticada, almacenes de alto diseño —design—, boutiques, espacios para el cuidado personal y servicios personalizados y a domicilio, entre otros, que están más cerca de lo banal, superfluo y sofisticado. Los renovados espacios urbanos y las arquitecturas diseñadas por grandes firmas y prestigiosos arquitectos del star-system, se convierten también en paradigmáticas imágenes que se exportan del centro a las periferias.
Uno de los sucedáneos de este nuevo imaginario de poder financiero es la construcción de edificios de gran altura que resurgieron en distintas ciudades del mundo globalizado, ya no solo en Estados Unidos —en ciudades como Chicago, Nueva York, Los Ángeles y Atlanta—, país de origen de este tipo de edificación de finales del siglo xix, de gran valor simbólico y arquitectónico, sino también en ciudades de Asia y del Medio Oriente, como Singapur, Kuala Lumpur (Malasia), Yokohama (Japón), Bangkok (Tailandia), Hong Kong, Shenzhen, Shanghái y Guangzhou (China), Ryad (Arabia) y Dubai (Emiratos Árabes Unidos), con edificios de entre 280 metros y 800 metros o más de altura, a cargo de arquitectos como el argentino César Pelli, el japonés Kenzo Tange, el inglés Norman Foster, el estadounidense de origen chino Ieoh Ming Pei y el chino C. Y. Lee, o de empresas como SOM (Skidmore, Owings y Merrill). De los cuarenta y tres edificios más altos del mundo, veinticinco fueron construidos en estas ciudades en los últimos veintitrés años,3 y se constituyen en parte del orgullo nacional, en una manera de exhibir riqueza y prestigio y, sobre todo, en un símbolo del triunfo del capitalismo global.
Otras ciudades europeas y latinoamericanas, si bien en los noventa no clasificaban estrictamente dentro de los parámetros de una ciudad global, buscaron la manera de insertarse en dicha dinámica, haciendo uso de otras estrategias. Barcelona y Bilbao (España), Toronto (Canadá), Frankfurt (Alemania), Buenos Aires (Argentina) y São Paulo (Brasil), crearon su imagen de ciudad global a partir de cambios en su dinámica económica y de operaciones inmobiliarias en las cuales se construyeron edificaciones pensadas desde su capacidad mediática, al servicio del consumo de la cultura y la sociedad del espectáculo. Para este fin, las ciudades acudieron a arquitectos del star-system, como bien lo señala el arquitecto Oriol Bohigas, uno de los promotores de la transformación urbana de Barcelona: “El arquitecto de fama […] aporta un añadido al proyecto. Aquí y en cualquier país con cultura, las estrellas de la arquitectura sirven para apoyar operaciones inmobiliarias”.4 Un ejemplo de esto es Bilbao, que configuró la renovación de la deprimida zona industrial, ubicada en la ría de la ciudad, para que girara alrededor del emblemático Museo Guggenheim, a pesar de no estar contemplado en el plan de revitalización formulado en 1989. En seis años, entre el concurso inicial en 1991 y su entrega final en 1997, el arquitecto norteamericano Frank O. Gehry realizó este proyecto, una obra de titanio, vidrio y piedra caliza, que, con sus formas posmodernas y vanguardistas, se convirtió en ícono de la arquitectura mundial y en el centro de todas las miradas, dejando en un segundo plano toda