Psicología del lenguaje. Jaime Bermeosolo Bertrán. Читать онлайн. Newlib. NEWLIB.NET

Автор: Jaime Bermeosolo Bertrán
Издательство: Bookwire
Серия:
Жанр произведения: Документальная литература
Год издания: 0
isbn: 9789561425187
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según los diccionarios de la lengua, quiere decir -entre otras acepciones-manifestar con palabras, miradas o gestos, lo que uno quiere dar a entender. Si bien el término suele tener para muchas personas una connotación preferentemente verbal ("se expresa bien"), hace referencia también a medios no verbales de significar y de comunicar a través de gestos, actitudes corporales, miradas, etc. Formas más elaboradas de "expresar", tanto verbales como no verbales, constituyen lo que culturalmente se reconoce como "expresión artística".

      Desde la antigüedad el hombre ha tenido conciencia del significado y efecto de las formas no verbales de comunicar, y de cómo estas pueden estar asimismo al servicio de aviesas intenciones, como el engaño, y en contradicción con lo que se dice verbalmente. En el Libro de los Proverbios, de las Sagradas Escrituras, se afirma que "el hombre malo es digno de desprecio, anda en mendacidad de boca, hace guiños con los ojos, refriega los pies, habla con los dedos". Y más adelante: "el que hace guiños con los ojos maquina engaños y el que aprieta los labios, ha hecho ya el mal".

      El aspecto corporal y rasgos físicos de las personas entregan igualmente información y pueden "significar". Muchas veces se les asocia a determinadas características psicológicas, como ocurre con esta descripción de Cervantes del bachiller Sansón Carrasco en el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha:

      Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón, de color macilento, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinticuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas, como lo demostró en viendo a don Quijote, poniéndose delante de él de rodillas, diciéndole...

      Indudablemente podemos equivocarnos al esperar determinados comportamientos de las personas a partir de sus rasgos físicos y proporciones corporales, pero existe toda una tradición en psicología que definía tipos temperamentales inspirándose en el sustrato biológico y formas corporales. Sí resulta claro que los gestos y actitudes corporales están muchas veces al servicio de intenciones comunicativas. Cumplen una función esencial en los lenguajes de señas y constituyen la piedra angular de la comunicación humana. Se ha observado incluso "balbuceo manual" en bebés sordos expuestos al lenguaje de señas,1 obligados a privilegiar esta vía de comunicación.

      En su excepcional tratamiento del tema de la autenticidad e inautenticidad, Lersch (1963) dedica varias páginas al estudio fenomenológico de la inautenticidad, distinguiéndola de la insinceridad. En esta "se trata de erigir una fachada exterior como encubrimiento consciente de los verdaderos procesos, sentimientos y designios internos". En aquella, la intencionalidad de la conducta se extiende no sólo a la apariencia exterior, "sino que llega más profundamente: intenta también afectar a la propia intimidad". El fenómeno expresivo es para el autor "la revelación de la intimidad y esta, el contenido inteligible del fenómeno expresivo". En el hombre auténtico, precisa: "todo lo que aparece en la fisionomía exterior está adherido a un núcleo substancial: la fisionomía2 es la expresión de la personalidad".

      No es de extrañar, entonces, que el gesto, la expresión corporal, la comunicación no verbal, revistan tanta importancia para la psicología, así como han sido objeto de estudio por parte de antropólogos culturales y semiólogos. Demás está decir que para los educadores constituyen un poderoso medio de conocimiento de sus educandos, de sí mismos, y son manifestación del verdadero sentido de las interacciones.

      Knapp (1980) sintetiza su trabajo sobre la comunicación no verbal, afirmando que este tipo de comportamiento puede

      • repetir,

      • contradecir,

      • sustituir,

      • complementar,

      • acentuar o

      • regular el comportamiento verbal.

      Normalmente lo no verbal complementa, acentúa, reemplaza o contribuye a regular lo que decimos con palabras en la interacción con otros; en ocasiones, en cambio, lo contradice. Hay una gran variabilidad entre las personas en cuanto a su modo de interpretar las claves verbales y no verbales en el comportamiento de los demás, en especial de personas que les resultan menos familiares o desconocidas. Quienes suelen engañar, como los que embaucan creando todo un andamiaje al servicio del embuste para propio provecho (con apoyo de "empresas" de fachada con infraestructura física ad hoc), saben bien que sus eventuales víctimas ingenuamente creerán que están tratando con personas honestas. Procuran entregar claves no verbales coherentes con sus mensajes verbales.

      Un aspecto interesante estudiado en las últimas décadas dentro de la gran temática de la interacción social -y que guarda estrecha relación con sus componentes no verbales- es lo que se conoce como manejo de impresiones o autopresentación, y que Turner (1991) ha definido como "el proceso de presentar una imagen pública del sí mismo hacia otros".

      El tema lo aborda extensamente el psicólogo inglés Gross (1998) y explica que a veces "se puede influir en personas en particular en una situación específica (por ejemplo, en una entrevista de trabajo), o se puede mantener una imagen de uno mismo que se cree que otras personas en general también comparten (por ejemplo, que se es cuidadoso o competente o atractivo). Aun así, en cualquier situación, parece que el manejo de impresiones ocurre todo el tiempo".

      Apunta el autor que el manejo de impresiones exige ponerse en el lugar del otro, es decir, "se debe ser capaz, en términos psicológicos, de ponerse en los zapatos de otra persona para ver cómo se percibe la impresión desde su punto de vista y adaptar la propia conducta de acuerdo con ello". El manejo de impresiones a fin de influir en los demás ha sido comparado, en ocasiones, con la actuación:

      Crear una impresión exitosa requiere del entorno adecuado, la utilería (por ejemplo, la manera en que se encuentra vestida la persona), las habilidades y una comprensión compartida acerca de lo que cuenta como ‘bambalinas'. Por ejemplo, se puede considerar que la persona que lleva la autodivulgación demasiado lejos, está trayendo a escena lo que debería conservar ‘tras bambalinas’ y con ello crea una impresión desfavorable.

      Por autodivulgación se entiende esa habilidad, componente del manejo de impresiones, por la que de manera voluntaria se proporciona a los demás información acerca de uno mismo.

      Basándose en Jourard,3 precisa Gross que las personas revelan cosas acerca de sí mismas de muchas maneras: "a través de lo que dicen y hacen (lo mismo que de lo que no dicen y no hacen) y esto incluye las expresiones faciales, los gestos y otras formas de comunicación no verbal". Aclara que se tiene mayor control sobre algunos aspectos de la autodivulgación que sobre otros, dado que, en general, se tiene mayor control sobre la conducta verbal que sobre la no verbal. Jourard, por su parte, cree que la decisión de autodivulgar (o de volverse "transparente") se toma de modo libre y la meta en la divulgación de uno mismo es que se me conozca, que otros me perciban como aquel que yo sé que soy.

      Este mismo autor, en la revisión que hace Gross, considera que se aprende mucho acerca de uno mismo a través de la autodivulgación mutua, que aumenta la intimidad con otras personas."Es una manera tanto de lograr como de mantener una personalidad sana, pero solo si la autodivulgación mantiene el criterio de la autenticidad".

      Otro concepto estrechamente ligado al de autodivulgación es el de autovigilancia, que apunta al grado en que las personas intentan adaptar su conducta para adecuarla a las demandas de situaciones sociales particulares. Explica el autor que "aunque las personas en general se preocupan de las impresiones que causan en otros, los individuos difieren en cuanto al grado en que se puede ejercer un control intencional sobre su autopresentación".