Hay una tercera posición a la podríamos denominar “abstractista”:
A diferencia de los metafísicos tradicionales, Wittgenstein no pretende hablar de hechos particulares ni de ninguna clase especial de objetos. Lo que realmente está diciendo es: desde la perspectiva de la lógica, el mundo se divide en hechos y los hechos se componen de objetos y así tiene que ser independientemente de cómo concibamos el mundo y sus objetos. […] Lo que Wittgenstein ofrece en el Tractatus no es una ontología, sino más bien el esquema general que vale para cualquier ontología. (67)
Sea cual sea la posición a defender, lo cierto es que Wittgenstein es claro en afirmar que los simples no tienen más rasgos que su forma, esto es, sus posibilidades de combinación a la hora de conformar estados de cosas. Las propiedades materiales (donde “materia” se opone a “forma”) no son predicables de los objetos, sino que su predicabilidad “surge” en las proposiciones. Los objetos simples no tienen propiedades pero, en virtud de su forma, conforman estados de cosas atómicos que pueden ser expresados a través de proposiciones en las que emerge la predicabilidad de propiedades. Si a este grado sumo de simpleza (68) se le agrega que los simples son inalterables, entonces “podemos concluir que lo mutable en la estructura del mundo es lo relativo al modo de configuración de los objetos (determinando de esta manera diversos estados de cosas atómicos) y lo fijo son los objetos”. (69)
Por lo dicho, según el Tractatus, podemos representar lo que no existe en la medida en que una oración es reducible vía análisis a diversas oraciones atómicas que tienen como sentidos diversos estados de cosas que, acaecidos o no, están constituidos por objetos simples cuya presencia es necesaria. Uso la expresión “presencia” en lugar de “existencia” no solo para remarcar el apego del Tractatus a la tradición presencialista, sino también porque el Wittgenstein maduro, el de las Investigaciones filosóficas, le hace decir a su pasado tractariano: “Quiero llamar ‘nombre’ solo a lo que no puede estar en la combinación ‘X existe’”. (70) La afirmación no debe sorprender, pues si los simples son necesarios, no puede decirse una proposición con sentido que predique existencia, dado que no cumpliría con el requisito del decir, el de la bipolaridad. “Lo que alguna vez llamé ‘objetos’ era simplemente aquello de lo que podemos hablar independientemente de lo que sea el caso”, (71) señaló Wittgenstein en los años 30, también en plan revisionista; y al señalarlo nos recordaba que, en el Tractatus, los simples son aquello para lo que no hay ni existencia ni no existencia. (72)
Estas afirmaciones de apariencia paradojal tienen, sin embargo, su raigambre filosófica. Por ejemplo, si se asume una interpretación “nihilista” de la concepción tractariana de los objetos simples, estas características de los mismos, cuyo conjunto conforma la sustancia fija del mundo, podrían conducir a acercar la metafísica del joven Wittgenstein al extraordinario salto conceptual dado por Anaximandro a la hora de pensar el principio (arché) constitutivo de lo real en términos de tò ápeiron. Hay diversas versiones acerca de cómo interpretar dicho concepto en la filosofía de Anaximandro, aunque pueden dividirse en dos tipos: las que lo presentan en términos de lo cualitativamente indeterminado, y las que lo hacen en términos de lo cuantitativamente espacial infinito. (73) Por su parte, los representantes del primer grupo “se dividen a su vez en dos subgrupos: I) los que hallan la nota distintiva de lo ápeiron en una ausencia de limites internos, en tanto origen primordial de las cosas; II) los que conciben lo ápeiron como lo que es susceptible de cobrar toda suerte de determinaciones”. (74) Dado que es factible interpretar el Tractatus como señalando que la sustancia del mundo en tanto constituida de simples es lo que garantiza la significatividad de las oraciones en las que irrumpe la predicación (con su correspondiente correlato ontológico, esto es, que las propiedades “irrumpen” a partir de las combinaciones que se dan en los estados de cosas), pareciera que son las interpretaciones del tipo (II) las que permiten con mayor perspicuidad trazar la analogía con el Tractatus bajo la lectura nihilista. Por otra parte, la negación tanto de la existencia como de la inexistencia, mencionada más arriba en tanto constitutiva de los simples, cuadra muy bien con lo ápeiron de Anaximandro, ahora bajo la interpretación según la cual “la oposición que la palabra misma trae consigo: péras: á-peiron” da cuenta de que “la negatividad es el […] modo de manifestarse del ápeiron”. (75)
La metafísica atomista del Tractatus se presenta, así, como heredera de los orígenes mismos del pensamiento filosófico.
60- El problema es especialmente serio para algunas teorías semánticas, pues conduce a la asignificatividad de toda oración falsa (como se denuncia en el Teeteto).
61- Para un excelente aproximación al problema de la denotación y su raigambre en una tradición de discusión que incluye también, y esencialmente, a la línea Franz Brentano – Edmund Husserl, véase Coffa (2005: 171-193).
62- Véase Russell (1948: 549).
63- Sigo el modo en que Simpson presenta, deliberadamente simplificadas, las ideas de Meinong, en Simpson (1975: 58; 61-63). Para una discusión notable, sostenida y célebre entre los filósofos argentinos Raúl Orayen y Alberto Moretti en torno a las ideas de Meinong, véase Orayen (1970, 1989, 1993), Moretti (1989, 1993). Para el problema general del discurso sobre inexistentes, véase Moretti (2008).
64- Véase SELECCIÓN DE TEXTOS, sección “La sustancia del mundo”.
65- Véase Soammes (2003: 199-203).
66- TLP, 2.0232.
67- Tomasini Bassols (2017: 38).
68- Los abstractistas defenderán que la noción de “simpleza” no puede ser sino dependiente de consideraciones lingüísticas, de la estipulación de cuáles son los nombres del lenguaje y, en consecuencia, cuáles son los términos lingüísticos donde se detiene el análisis: “El desiderátum de lo que es simple lo determinan los nombres puesto que, sean lo que sean, los objetos son lógicamente sus significados (referencias), a más de que no estamos efectuando ninguna clase de investigación empírica” (Tomasini Bassols, 2017: 42).
69- Laufer (2013: 28).
70- IF, § 58.
71- OF, § 36.
72- Véase más adelante, en la sección “Mostrar y señalar lo indecible que importa”, el vínculo entre la concepción de los simples, la función proposicional “ni… ni…”, y el misticismo.