El Alfabeto del Silencio. R. M. Carús. Читать онлайн. Newlib. NEWLIB.NET

Автор: R. M. Carús
Издательство: Bookwire
Серия:
Жанр произведения: Философия
Год издания: 0
isbn: 9789874935298
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cuentos expresan a través de la metáfora mensajes difíciles de transmitir de otra forma. Nutren tanto a los ensayos como a los ejercicios de un modo no secuencial, no descriptivo, remotamente experiencial, intuitivo, aunque tal vez reconocible por la memoria esencial.

      En el caso de que los ensayos te resulten pesados, contradictorios, desafiantes en exceso o demasiado densos, sáltatelos, ve al cuento o al ejercicio más cercano y luego, si lo deseas, prueba a acercarte de nuevo a ellos para ver si entonces muestran su significado.

      Hay por lo tanto varias maneras de leer este libro. Una es la habitual, de la primera a la última página. Otra consiste en recorrer primero los cuentos y los ejercicios dejando el resto para el final. Otra es acercarse a los ensayos haciéndolos vibrar con la maza de la experiencia presente en las meditaciones y dejar los cuentos aparte como libro de ficción complementario. Otra más es alterar el orden de la lectura, recorriendo las partes que más te atraigan en cada momento. Cualquier método puede ser útil. Te animo a encontrar el idóneo para ti.

      La velocidad de avance hacia la meta estará determinada solo por tu resistencia. Paradójicamente tenemos miedo a nuestra propia realidad, por maravillosa que sea. Lo que somos nos produce temor porque aceptarlo supondría renunciar a la seguridad de lo conocido, aunque resulte incómodo, y hacerlo nos llevaría a un lugar aparentemente ignoto, si bien muy familiar una vez se vislumbra. Por eso preferimos permanecer en un mundo percibido como hostil. Esta es la causa por la cual seguimos sumidos en él. Podría parecer que el motivo de ese recelo se encuentra en que nuestra naturaleza –aquello a lo que esta obra pretende contribuir a recordarte– es maliciosa o imperfecta. No obstante, sucede muy al contrario: es pura plenitud. Aun así, preferimos seguir inmersos en nuestras ilusiones, aturdidos, doloridos o insensibilizados, felices solo a veces. Lo real es una amenaza para el sueño en el cual estamos atrapados porque lo haría desaparecer. Cuando relajes por completo la oposición a tu realidad despertarás con rapidez.

      ¿A qué realidad me refiero? A una que no puede ser expresada. Es tan ilimitada, tan prodigiosa que no cabe en ninguna palabra. Sin embargo, puede ser vivida. Precisamente ese es el objetivo de esta obra. Ojalá sea de algún provecho.

      Pechón, otoño de 2016

1

      «Lo irreal no existe, lo real nunca deja de existir».

      Bhagavad Gita. Canto II-16

      «Fácilmente aceptamos la realidad, quizá porque intuimos que nada es real».

      Borges «El inmortal»

      I

      La fábrica de la percepción

      Un encuentro peculiar

      Álex luce una cresta roja. Lleva el resto del cráneo rapado y un código de barras tatuado en la sien. De su nariz cuelga un amplio aro y se ha atravesado las orejas con pequeñas flechas. Viste camiseta negra de rejilla, pantalones de camuflaje agujereados y unas grandes botas con herrajes metálicos cuya suela debe medir unos cinco centímetros de grosor. Como va al gimnasio todos los días, sus brazos parecen dos columnas. El izquierdo está decorado con dragones rojos, el derecho con dragones verdes. Se ha sentado delante de ti en el autobús.

      …

      Recuerda la última vez en que te topaste con alguien como Álex, o con cualquier otro desconocido cuyo aspecto no te encajara. Quizá su físico no se correspondiera con los cánones de belleza, te chocara su atuendo, o tal vez te resultara extraña su manera de hablar o de mirar.

      Recuerda si pensaste algo sobre el posible origen de esa persona, sobre su modo de pensar, sobre su actitud, si te imaginaste a qué se dedicaría, por qué se hallaría allí, qué iría a hacer después. Recuerda si te formaste alguna opinión acerca de sus defectos o virtudes, e incluso, aunque fuera la primera vez que le vieras, si supusiste qué cosas malas o buenas habría hecho antes.

      Haz también recuento de qué emociones surgieron en ti.

      Finalmente, recuerda cómo reaccionaste ante todo ello.

      Recupera una experiencia similar.

      …

      Al mirar a esa persona, ¿qué estabas viendo?

      …

      La visión oceánica

      Cuando miramos el mar y pensamos «estoy viendo el mar», lo que realmente estamos viendo no es el mar, sino su superficie. No vemos las corrientes, los fondos, las playas, la vida desbordante en su seno, la luz filtrada traspasando las aguas, los corales, las algas y el plancton, los médanos, las ensenadas, las innumerables orillas, las extensiones desconocidas, las fosas, las tempestades, las rías ni las grandes llanuras heladas.

      Igualmente, cuando miramos lo que llamamos mundo no estamos viendo el mundo. Al observar el cielo, una silla, una roca o el libro que sostenemos entre las manos, lo que captamos es la capa externa de todas esas cosas. Si pudiéramos alcanzar más allá descubriríamos una infinita corriente vital. Repararíamos en las moléculas, en los átomos en movimiento y en las partículas elementales que conforman cada átomo interrelacionándose para engendrar algo intensamente vivo; oiríamos un fragor; sentiríamos una imperiosa corriente de energía; presenciaríamos un enorme espacio vacío entre todo ello. Y, aun así, no estaríamos asistiendo a lo que es si obviáramos la innombrable presencia de una realidad inasible más allá de la materia.

      Por motivos similares, cuando miramos a una persona y pensamos «estoy viendo una persona» lo que vemos es un cuerpo, un rostro, una raza, un género, una expresión, una edad. No es por casualidad que la palabra persona provenga del griego máscara —«prósõpon»—. En la antigüedad los actores actuaban ocultándose el rostro con una careta a través de la cual hablaban. «Per» significa ‘a través’, «sona» significa ‘sonido’. La fuente del sonido no es la máscara, sino algo mucho más profundo e invisible oculto tras ella. La persona es la forma que cubre el indescifrable Ser existente detrás. La personalidad y el cuerpo son la máscara, la rígida expresión.

      Mas lo que principalmente vemos al relacionarnos con un semejante es nuestra propia atracción, rechazo o indiferencia hacia él, nuestra reacción hacia su rostro, nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que dice, nuestra opinión. Todo ello viene dado por una experiencia previa, por una educación, por un entorno, por una programación. En caso de que lo conozcamos, tendremos en mente una biografía parcial, una pequeña historia, consideraremos su manera de comportarse en el pasado y cómo creemos lo hará en el futuro. Probablemente, sea de manera consciente o inconsciente, juzguemos esos supuestos actos. En ese preciso instante hemos dejado de verlo, porque lo hemos sustituido por un cúmulo de impresiones. Sobre ese ser se ha superpuesto una proyección elaborada por quien lo mira. Una vez fabricada dicha proyección, no es raro que la apuntalemos con un nuevo conjunto de valoraciones y así acabemos creyendo en su verosimilitud. Inmediatamente la volvemos a proyectar, los ojos la confirman y así queda refrendada.

      Cuando presenciamos el mar, un objeto o a un semejante, no estamos presenciando el mar, el objeto ni a ese semejante. Sin embargo, a la superficie del mar la llamamos «mar», a nuestras opiniones sobre alguien las llamamos «semejante», y a nuestra idea del mundo la llamamos «mundo». Cuando nos encontramos frente al océano, no estamos asistiendo al océano, sino a nuestra idea de océano. Cuando hablamos con un semejante, no estamos hablando con un semejante, sino con nuestra idea de él. Cuando afrontamos cualesquiera circunstancias, estamos afrontando nuestra interpretación de ellas. Cuando actuamos en el mundo estamos actuando sobre nuestra percepción.

      Nunca actuamos sobre la realidad, sino sobre nuestra idea de la realidad. Cómo la hayamos forjado determinará nuestra noción del entorno y por ende nuestra manera de actuar sobre él.

      Lo que llamamos mundo, pues, es el conjunto de nuestras ideas, un grupo de pequeños conceptos cerrados, una colección de objetos mentales, un ámbito infinito convertido en un esquema estático y severamente limitado. En ese trueque nos