Naraligian. Tierra de guerra y pasión. F.I. Bottegoni. Читать онлайн. Newlib. NEWLIB.NET

Автор: F.I. Bottegoni
Издательство: Bookwire
Серия:
Жанр произведения: Языкознание
Год издания: 0
isbn: 9789878705644
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del ejército de Algirón –Lo teníamos contra el río, pero se tiró en él para que no pudiéramos atraparlo. Mandé un escuadrón de búsqueda, el cual espero que lo encuentre.

      —Me ha fallado por última vez, capitán Yarokle –el rey de Algirón, levantó con sus poderes al menudo capitán, el cual parecía ahorcarse por dentro –Capitán Temerion, usted está a cargo ahora. No falle o sabrá cuál será su destino. Busque y tráigame la cabeza de Talkno Carminen.

      Temerion, con una reverencia se retiró del lugar donde reunió a varios caballeros para iniciar la búsqueda. Halfindis miraba admirado a su hijo, por la actitud que había tenido frente al problema. Este ordenó a los sirvientes que limpiaran los charcos de sangre y sacaran los cuerpos del lugar. El de Malkani fue empalado a las puertas de la aldea para que todo el mundo viera lo que les pasaba a los enemigos de Golbón.

      Los consejeros y leales súbditos del rey Isnirir, al enterarse de la noticia de su muerte, fueron convocados por el nuevo señor de Ismiranoz para jurarle lealtad y obediencia. Los primeros en hacerlo fueron los consejeros, quienes hincándose sobre su pierna derecha, recitaron el juramento de lealtad. Cuando estos se retiraron, Halfindis miró a Golbón quien desde el elevado asiento le devolvía la mirada.

      —¡Isnirir ha escapado!, debes encontrarlo y darle muerte. Solo así conseguiremos el control total de Ismiranoz –dijo el dios.

      —Tienes razón –dijo el rey –me había olvidado de ese pequeño detalle. Pero a quien enviar. Nadie lo alcanzará tan rápido, a no ser que use mis poderes para atraparlo. –el malvado hombre algiriano ordenó a los siervos que no limpiaran uno de los charcos de sangre. Estos obedecieron y lo dejaron como les fue ordenado. Golbón se colocó a un costado de este y estirando los brazos hacia delante, pronunció unas palabras en lengua de muerto. –Agnarak nifater galonen utrorak –dijo.

      De la sangre, Surgieron cinco criaturas negras con alas y varios dientes puntiagudos que parecían espadas. Sus ojos eran rojo escarlata al igual que la pequeña porción de cabellos que tenían. Llevaban en una de sus manos una espada de acero negro, con la cual acostumbraban a degollar a sus víctimas. Por alguna razón estas criaturas temían al señor de las tinieblas, porque cuando este se acercó para verlas bajaron la cabeza y pusieron sus manos adelante como para detenerlo.

      —Impresionante –dijo admirado el dios –cinco espectros de la noche, en perfecto estado, lograste invocar ¿Tienes pensado enviarlos tras el ismiraniano?

      —Escuchen bien, lo que les voy a decir, –dijo el rey a sus servidores, quienes se hincaron sobre su pierna derecha –el antiguo señor de Ismiranoz, Isnirir de la casa Carminen, ha huido hacia al Sur, por lo que supongo que pedirá ayuda a su amigo Alkardas Greywolf. Les ordeno a ustedes, que lo cacen y lo traigan ante mi presencia. Lo quiero vivo ¿Les quedó claro?

      —Como ordene, amo –dijo con voz grave uno de los espectros –lo traeremos sin rasguño alguno.

      Los cinco heraldos del mal, salieron volando por una de las ventanas del frente de la fortaleza. Estos, como águilas que buscan a su presa, se dirigieron hacia Fallstore, donde posiblemente encontrarían al objetivo de su misión.

      Ya después de haber volado tres días, Isnirir llego al Sur. Allí abajo divisó la gran capital fallstoriana de Filardin. El rey sintió el penetrante frío que le entraba por la fina tela de lino de su camisa. Acostumbrado al árido clima norteño, el del Sur no le agradó. La gente de esta tierra vestía ropas de lana, algodón, cuero o pieles de animales, las cuales impedían que sus cuerpos se congelaran o sintieran el frío extremo.

      Por el patio de entrada del castillo, caminaba el rey Alkardas seguido por el capitán Wolfhem y una escolta de guardias. Este iba y venía de un lado para el otro pensando sobre como estaría su hijo en Goldanag y si habría podido lograr que la disputa entre goldarianos y lodrinenses terminara. Isnirir no pudo detener a su mascota, por lo que tuvo que dejarse caer. El dragón siguió como si nada pasara y su rey no se hubiera caído.

      El fallstoriano desprendiendo los broches de su manto, se lo colocó encima al norteño, quien temblaba por el frío. Isnirir tocó la herida en su cuello. Este trató de levantarse, pero su espalda le dolía tanto que no logró hacerlo. El antiguo señor de Ismiranoz tenía toda su espalda lacerada. Alkardas, tomándolo por los brazos, lo ayudó a levantarse.

      —Mi amigo, pero ¿qué te ha pasado? –dijo Alkardas.

      —Ismiranoz, mi amado reino, ha sido tomado –dijo llorando Isnirir. Castañeteaba los dientes por el pánico de su caída –No me creerás si te digo por quien fue tomado mi reino.

      —No te entiendo, –dijo el fallstoriano –¿porque no te iría a creer?

      —Porque el responsable de que yo esté aquí y también, de que hayan matado a mi familia –dijo Isnirir apretando los dientes –fue aquel al que años atrás asesinaste durante la rebelión algiriana ¿O ya no lo recuerdas?

      El señor de Fallstore no podía creer lo que estaba escuchando. Este le ordenó al capitán Wolfhem que lo ayudara a llevarlo al castillo donde enviaría un mensaje a su hijo, notificándole lo sucedido. Dos de los guardias, ayudaron a Isnirir a sentarse en la base de la estatua del frente de la fortaleza. Le reina salió para enterarse de lo que pasaba. Al ver que su rey hablaba con el ismiraniano, quiso saber qué había sucedido. Su esposo hablaba con el rey bestia.

      —¡No es posible lo que me dices! –dijo Alkardas mirando la estatua del gran lobo gris, que según ellos fue el que creó el reino –Según tú, Golbón, el antiguo soberano del reino de Algirón ha vuelto. Me gustaría saber cómo.

      —Esa es la parte de la historia, en la que Halfindis, señor del mal, ha descendido a nuestro mundo, –dijo Isnirir –revivió a su servidor y le dio poder, con el cual tomó mi reino y hogar. Fui un tonto al creer que vivíamos en paz, sabiendo que nuestro enemigo no estaría tranquilo mucho tiempo, allá en sus tierras. Por ese descuido, mi esposa e hijos han muerto. Porque no he sido capaz de prevenir esta atrocidad.

      Alkardas escribió en un trozo de papel el mensaje que enviaría hacia Goldanag, lo enrolló y le colocó el lacre sellado por el blasón de los Greywolf. Se lo entregó en manos a Wolfhem quien, a toda prisa, se dirigió a la torre del mensajero. Mientras tanto, uno de los sanadores del castillo, limpió las heridas de Isnirir y vendó su cuello para que las moscas no lo infectaran con sus huevos. Los dos reyes siguieron hablando hasta que el sol comenzó a ocultarse.

      —Necesito que salves a mi reino –le pidió Isnirir a Alkardas –si es necesario te lo pediré de rodillas. No quiero que ellos sufran por mi culpa.

      —Te prometo que no dejaré que tengan ese destino –dijo Alkardas. Este vio en el cielo unas extrañas aves que venían hacia la ciudad. –¿Qué es eso?

      Isnirir miró las raras figuras que se acercaban rápidamente. Los guardias que custodiaban al rey hicieron lo mismo. Cuando estuvieron lo bastante cerca para reconocerlos, Alkardas junto, con su guardia, desenvainaron sus espadas. El señor de Fallstore le dijo a su reina que diera la alarma. Valeri dio la vuelta y puso rumbo hacia la fortaleza, cuando una de las criaturas, descendió en vuelo rapaz y tomando su espada degolló a la reina.

      Alkardas corrió hacia donde yacía su amada esposa. No podía contener las lágrimas por la tristeza de su pérdida. Enojado, apretó la empuñadura de su espada y junto con su guardia enfrentaron a los enemigos. Estos peleaban ágilmente por no tener armadura, pero los fallstorianos eran igual de hábiles con ellas. Uno de los enemigos, dando muerte a varios de los guardias, tomó por el cuello a Isnirir. Wolfhem, quien había escuchado los ruidos desde la fortaleza, fue en la ayuda del rey bestia. El señor de Fallstore vio a su amigo, siendo ahorcado por una de las criaturas. Este se acercó a ella y la decapitó. El cuerpo del ser se transformó en una bruma negra, la cual desapareció rápidamente.

      El rey trató de ayudar a su amigo, pero ya era demasiado tarde. Otra de las criaturas clavó su espada en el corazón del fallstoriano quien antes de cerrar los ojos, vio que el espectro era Golbón disfrazado. Este, con una risa de satisfacción dejo caer a su enemigo, el cual se desplomó sobre el duro