¿Por qué “dibupoemas”? Porque cada poema impreso va acompañado de una reproducción a mano, cuyas letras debidamente ordenadas o modificadas en tamaño dan lugar a un dibujo. Del primer vistazo solo aprecias el dibujo, pero al concentrar la vista compruebas que son las letras del poema las que configuran la silueta o la caricatura. No conozco que ningún otro poeta los escriba. Yo los considero como la tercera dimensión de la poesía, porque al escribir un dibupoema tienes que considerar la rima y el ritmo como siempre, pero además la estructura espacial de las frases y la búsqueda de las letras adecuadas para el dibujo. Se leen de izquierda a derecha y habitualmente siguiendo el sentido de las agujas del reloj. Cuando el texto se interrumpe lo hace con puntos suspensivos (dos o tres) debiendo continuar la lectura donde se repite ese número de puntos suspensivos.
Y ¿por qué “de supervivencia”? Porque en medio de tanta negrura hay que buscar un clavo ardiendo que te ate a la vida para no sucumbir a la depresión y la melancolía, que sería una rendición antes de tiempo a la oculta protagonista secundaria de estos poemas. Escribirlos y dibujarlos me ayuda, y espero que ayude a sus protagonistas principales y a los lectores, a seguir adelante por la vida contentos y siendo capaces de ser felices, aunque sepamos que irremisiblemente esto se acabará. La muerte es un fenómeno natural y tan azaroso como el nacimiento, y si dudas del más allá te queda el consuelo de que no puede ser peor que volver a la nada de donde procedemos y donde, evidentemente, no sufríamos.
Santander, septiembre de 2013.
A TODAS MIS MONTAÑAS
Una noche de insomnio me di una palmada en la frente
y comprendí que tenía que hacer un verso diferente,
con estrofas larguísimas como las cumbres de las cordilleras
que hay entre los pechos de una hermosa mujer y sus caderas,
y con un ritmo suave y cadencioso como el mar de fondo
que barre eternamente el Sur de nuestro jardín redondo.
Un verso ondulante a todas las montañas a las que he subido
y a las montañas de algunas mujeres con las que he dormido.
He subido a montañas peladas con bosques en la cumbre
y a colinas arboladas que tenían pelada la techumbre.
Frías montañas que no eran nada más que un montón de piedras,
o selvas montañosas de árboles estrangulados por líquenes y yedras.
He subido a cumbres puntiagudas donde reina la nieve
y a rampas imperceptibles donde sólo, sólo y sólo llueve.
He caminado por laderas en sombra donde olía a heno,
donde la felicidad me hacía olvidar mi espíritu sarraceno,
y he navegado por colinas saladas, con barba de nazareno,
penetrando la noche con mi vela y un farol de queroseno.
En medio de algunas montañas encontré increíbles lagunas
y en mitad de las olas del mar mágicas lunas,
pero donde descubrí las cosas más maravillosas y eternas
fue entre los pechos de una hermosa mujer y entre sus piernas.
Y cuando al final tuve que elegir entre tantas maravillas...
tantas montañas, tanto mar, y la mujer que me aflojaba las rodillas...
fui listo y me quedé con las cercanas, las que refleja el mar de mi bahía,
y con la mujer que alumbra la serena placidez del alma mía.
ATENTO MALTÉS
“Atento Maltés, atento Maltés, para Amazona”
repetía la radio del barco con voz machacona.
Yo, que ya conocía ese saludo estrafalario,
sacaba la cabeza por el tambucho para ver a Mario.
Y allí estaba sonriente en su barco pequeño y azul marino,
ajeno a la crudeza de la geografía de su destino,
pendiente de la vela, del rumbo, la radio, la cacea,
de que no se fuera al agua uno de la patulea.
Solo ha pasado un año desde los hermosos días
en que navegábamos por los estuarios y por las bahías
con los barcos cargados de mochilas, de gafas submarinas,
y de niños marcados por los bisturíes y las medicinas.
Solo un año desde el último precioso veraneo,
el último que oyó el silbido de la jarcia, el guadralpeo
de una vela, el chocar contra el mástil de una driza
o el runrún de la olita que se forma detrás de una baliza.
Nada más que un año y se acabaron para él los galanteos,
las siestas, el farniente, los desembarcos, los fondeos,
los mensajes cruzados por la radio, el marisqueo...
todo lo que atesoro de aquellos tiempos de ajetreo.
Ya no vemos en Puerto Chico su motocicleta...
todo, todo se lo robó el último golpe de claqueta.
Y ahora si consigo disfrutar de nuevas correrías,
navegar en días radiantes o hacer nuevas travesías,
me acordaré de él en el rincón de la bahía santanderina
donde volcaron las cenizas de mi amigo de la hornacina.
DESPUÉS DEL VIENTO SUR
Después de haber sido ayer una adolescente impura,
violenta, traviesa y revoltosa,
la mar hoy parece una mujer madura,
tranquila, profunda, poderosa,
y