El giro visual en Bibliotecología. Graciela Leticia Raya Alonso. Читать онлайн. Newlib. NEWLIB.NET

Автор: Graciela Leticia Raya Alonso
Издательство: Bookwire
Серия:
Жанр произведения: Языкознание
Год издания: 0
isbn: 9786073021098
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el techo a dos del equipo, otros perdíamos la vida familiar como la habíamos pensado, pero todos, sin saberlo perdíamos a Michel, quien en el proceso del libro atravesaba silente su propia enfermedad, un cáncer violento. De ahí que las imágenes cambiaron vertiginosamente incluso en últimas fechas, ya que él, nuestro fotógrafo y amigo nos enseñaba sin enunciar cómo vivía la enfermedad cada día, cómo transitaba del reino de los sanos a los enfermos y cómo todo su dolor, desesperación, ímpetus, desolaciones y nuevos ímpetus, los vivía de la cabeza a los pies.

      Bibliografía

      Benjamin, Walter y Alicia Entel. La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica y otros textos. Buenos Aires: Godot, 2015.

      Burke, Peter. Visto y no visto: el uso de la imagen como documento histórico. Barcelona: Crítica, 2005.

      Galeno, De l’utilité des parties du corps, II.3, en: Charles Daremberg (ed.). Oeuvres anatomiques, physiologiques et médicales de Galien, t. I. París: Bailliêres, 1854.

      Lara Rallo, Carmen. Las voces y los ecos: perspectivas sobre la intertextualidad. Málaga: Universidad de Málaga, 2007.

      Mandressi, Rafael. La mirada del anatomista: disecciones e invención del cuerpo en Occidente. México: Universidad Iberoamericana, 2012.

      Ortiz Casillas, Samantha O. “Gubernamentalidad y política pública: estudio alternativo del programa Prospera”, Revista Mexicana de Sociología, vol.79, núm. 3 (2017: 543-570. Disponible en: <http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext &pid=S01882503201700030054&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0188-2503.

      Warburg, Aby; Martin Warnke, Claudia Brink y Fernando Checa Cremades. Atlas Mnemosyne. Madrid: Akal, 2010.

II. Repensar la imagen desde la Bibliotecología

      La imagen: una herramienta para pensar la biblioteca

      Alejandro José Unfried González

      La teoría es algo que no se ve.

       Hans Nlumenberg

      Considera la siguiente imagen: varios niños, una niña y una mujer adulta están sentados en el suelo, uno al lado del otro, sobre una manta de color azul, entre libros de diversos tamaños, algunos de los cuales se encuentran en sus manos. La niña y uno de los niños leen. Los demás parecen buscar algo entre los libros dispersos. La mujer adulta los acompaña. Con esta imagen iniciaremos nuestra reflexión. Será nuestro instrumento, nuestra herramienta para pensar la biblioteca; es decir, nuestra herramienta para suscitar preguntas en torno a ella. Hablaré de esta imagen como si estuviera frente a nosotros y consideraré, en particular, una pregunta: ¿qué es la biblioteca? ¿O unos libros sobre esa manta? ¿O un grupo de niños y niñas que se ha encontrado con esos libros? Yo creo que la biblioteca es todo eso. Creo que es un espacio en el que los lectores se encuentran con los libros. Pero creo que la biblioteca también es otra cosa. Creo que es un producto humano y que diversas personas participan en su producción. Aquella imagen me sugiere todo esto. Entonces ¿qué es la biblioteca? La biblioteca es un espacio en el cual los lectores pueden encontrarse con los libros, y es producto de las acciones específicas de muchas personas que conforman, en conjunto, una especie de entramado. Consideremos esta doble definición con mayor detalle.

      La biblioteca es un espacio

      La biblioteca es un espacio, un sitio que alberga diversos objetos. Podemos ubicarlo y acceder a él. Piensa en las bibliotecas que conoces. Te has desplazado hasta ellas, de un modo u otro, o has indicado a alguien más el camino que conduce hasta allí. Tú puedes decir, por ejemplo: “La biblioteca está ubicada frente al parque, a dos calles de la estación del tren. Se accede a ella por una puerta muy grande, tras subir unas escaleras”. O bien puedes decir: “La biblioteca está ubicada en el servidor de la universidad. Se accede a ella al escribir una cadena de caracteres en un navegador web”. Hemos de precisar, entonces: la biblioteca es un espacio físico o virtual. Pero un espacio, a fin de cuentas.

      Ahora veamos la imagen. Recuerda: hablaré de ella como si la estuviéramos viendo. Lo que vemos es un espacio físico bien delimitado y un grupo de personas que han ingresado en él. Diríamos, incluso: “A ese espacio, ubicado a la sombra de un muro, se ingresa al colocar un pie sobre la manta azul”. Me inclino a creer que cualquier persona podría ubicarlo y acceder a él; solo requeriría unas indicaciones adecuadas y encontrar un sitio en dónde sentarse entre los libros y las demás personas que han llegado primero a la manta.

      Ahora bien, no se trata de un espacio vacío. Consideremos la imagen nuevamente. En ella podemos ver una variedad de objetos, algunos sobre la manta, otros en las manos de los niños, y pertenecen a una misma clase. Son libros, objetos cuya forma característica exhibe aquí diversos tamaños y diversos colores. Este espacio (es decir, esta manta a la sombra de aquel muro) alberga libros y podemos verlo. Y podemos ver cómo las personas reunidas los han tomado para hacer uso de ellos: para leer o para recorrer sus páginas mirando los dibujos.

      Podemos plantear una relación elemental entre el espacio, las personas y los objetos que vemos en la imagen: la manta es un espacio y quienes acceden a ella acceden, a su vez, a los objetos que alberga (libros de distintos tamaños y colores). Siguiendo a Svenonius (2000), esta clase de acceso puede ser llamada "acceso material”. Denota la obtención de un documento, un objeto que contiene información, —es decir, que contiene un mensaje (Martínez Comeche 1995) — y que le proporciona un soporte. Según esto, las personas acceden a información al acceder a documentos, como si se tratase de un paso previo (o condición) que es posible, únicamente, si esos objetos han sido colocados en un sitio ubicable y accesible que permita disponer de ellos. En suma otras palabras: para acceder a un libro es necesario acceder al espacio que lo alberga, como han hecho los niños que vemos en la imagen.

      La biblioteca es producto de acciones

      Lo esencial, entonces, parece ser esto: alguien ha de colocar documentos en determinados sitios para que las personas puedan obtenerlos. Al hacerlo, crea un espacio que denominamos biblioteca. Sus acciones la crean y recrean. Sin ellas, la biblioteca no existe. Lo sugiere también nuestra imagen: al colocar unos libros sobre una manta y definir así un espacio de encuentro con esos objetos, alguien ha creado una biblioteca en la calle de una comunidad. De hecho, como lo hace la organización ATD Cuarto Mundo (2018, 2015), podríamos llamarla biblioteca de calle.

      Porque el espacio que vemos en la imagen no ha existido siempre, como si se tratara de una biblioteca eterna (piensa, por ejemplo, en la biblioteca de Babel y su origen incierto). Por el contrario, se trata de un espacio creado por seres humanos en algún punto del tiempo que podemos determinar con mayor o menor precisión. Podemos decir, por ejemplo, “la manta fue colocada hace varias horas, pero no fue sino hasta hoy, lunes, que todo estuvo listo”. A su vez, podemos postular que la creación de un espacio de esta clase constituye un proceso, ya que es poco probable que surja de un único acto en un único punto del tiempo, como si al levantar una mano esa biblioteca de calle surgiera de la nada. Diríamos, más bien, que ese espacio es creado progresivamente y como producto de numerosas acciones.

      En efecto, la producción de un espacio como éste implica determinadas y múltiples acciones. Considera esto: el espacio que alberga a los niños, la niña, la mujer adulta y los libros no estuvo ahí antes de colocar la manta sobre el suelo, de extenderla cuidadosamente o de elegir el sitio adecuado (digamos a la sombra del muro para que el sol no desaliente a los lectores). No estuvo ahí antes de colocar los libros sobre la manta, ni antes de disponerlos de cierto modo. Todas esas acciones (y sin duda otras más) fueron necesarias para producir el espacio que llamamos biblioteca de calle. Decimos que la biblioteca es producida porque es el resultado de la praxis; es decir, el resultado de una acción transformadora de la realidad material, externa al sujeto, que permite atender determinadas necesidades humanas (Sánchez Vázquez 2003). No es, exclusivamente, un producto de la imaginación o del pensar. Al producir una biblioteca, algo ha cambiado en el mundo.

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